El rol de las tecnologías con láser en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades

Por iniciativa global de la UNESCO, desde 2017, el 16 de mayo de cada año se celebra el Día Internacional de la Luz, que coincide con el aniversario de la primera emisión exitosa de láser por el físico e ingeniero Theodore Maiman, en 1960. Según la ONU, este día “es un llamado a fortalecer la cooperación científica y aprovechar su potencial para fomentar la paz y el desarrollo sostenible”.

Dentro de las tecnologías basadas en la utilización de luz láser, se destaca el citómetro de flujo. El primero fue desarrollado por Wolfgang Göhde de la Universidad de Munster, Alemania, en el año 1968 con el nombre de “citofotometría de pulso”. El citómetro de flujo permite evaluar células que pasan alineadas frente a un láser que las detecta, cuenta y eventualmente separa de acuerdo a sus características. Se pueden evaluar distintas características como el tamaño de la célula o, lo que puede resultar más relevante, conocer qué “marcadores” presenta para diferenciar a unas de otras.

El desarrollo del citómetro de flujo comenzó con fines de investigación, pero desde hace ya varios años es muy importante en la práctica clínica. Permite analizar células que se encuentran en la sangre y también evaluar punciones de médula ósea o de líquido cefalorraquídeo. Una de las primeras aplicaciones fue en el área de tumores hematológicos como las leucemias.

Con el citómetro de flujo no sólo se puede realizar el diagnóstico de estas patologías, sino que también se puede monitorizar la respuesta al tratamiento y detectar lo que se denomina enfermedad residual, es decir, la presencia de células tumorales que queden luego del tratamiento.

Otra utilidad del citómetro de flujo es evaluar cómo se encuentra el sistema inmunológico de una persona, analizando la cantidad de cada una de las distintas células que forman parte de este sistema de defensa. Este tipo de estudios se hace de rutina en pacientes con el virus del HIV, ya que el virus infecta principalmente a una célula del sistema inmunológico, los linfocitos CD4. Por lo tanto, en estos pacientes es importante evaluar la cantidad de estas células durante el transcurso de la enfermedad, ya que bajos valores de linfocitos CD4 provoca un estado de inmunosupresión, con el riesgo de contraer otras enfermedades.

La tecnología aplicada a pacientes con coronavirus

Con la infección del virus SARS-CoV2, aunque aún no es una práctica de rutina, en algunos centros de salud se está evaluando la respuesta inmunológica de los pacientes utilizando el citómetro de flujo. Tanto los linfocitos B que producen anticuerpos y los linfocitos T que eliminan a la célula infectada, son importantes para la erradicación del virus. Por tal motivo, medir cómo se encuentran estas poblaciones celulares por la infección viral o luego de la vacunación, podría ser una herramienta muy útil para el manejo de esta patología.

Las principales limitaciones de esta metodología eran el costo y la necesidad de contar con personal capacitado para realizar los estudios, aspectos que en la actualidad no tienen tanta relevancia. Por esta razón, si bien la citometría de flujo se viene utilizando desde hace varios años para el diagnóstico y seguimiento de varias patologías, es de esperar que cada vez se utilice más en la práctica clínica.

Por Mariana G. García

Investigadora del Instituto de Investigaciones de Medicina Traslacional (Univ. Austral/CONICET) y profesora de la Universidad Austral.

Redacción Análisis Litoral

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