Los argentinos no nos merecemos esta Cancillería

Nuestra Cancillería acaba de generar un entredicho diplomático con Israel a raíz del conflicto entre ese país y la organización terrorista Hamas. En un comunicado oficial Argentina cometió dos errores en uno: consideró que Israel ejerció una fuerza “desproporcionada” en su ataque a la Franja de Gaza y, peor, dio por sentado que el que inició las agresiones fue Israel.

Es muy típico. Occidente le exige a Israel comportarse siempre como un policía sueco, mientras hace la vista gorda con organizaciones terroristas y gobiernos antidemocráticos por culpa de los cuales muchas veces terminamos, lamentablemente, culpando a una cultura esplendorosa como la árabe o una religión sagrada como el Islam.

En realidad, pasó lo de siempre. Cinismo puro. Hacía semanas que los terroristas de la Franja de Gaza venían lanzando misiles y globos incendiarios sobre la población civil de Israel. Como siempre, lo hicieron usando a la propia propiedad civil de la Franja de Gaza como escudos humanos, porque los ataques de Hamas no salen de bases militares sino de viviendas, barrios. Lo han llegado a hacer desde escuelas.

Israel llevaba semanas activando su “escudo de hierro”, el sistema de alarmas tempranas con el que, en lugar de usar a sus ciudadanos -israelítas, musulmanes o cristianos- como escudos humanos, los protege.

Pero, finalmente, las fuerzas armadas israelíes respondieron con apenas una parte de su enorme capacidad de fuego. Y, por supuesto, sus ataques tuvieron víctimas.

Recién ahí, como suele suceder casi siempre, los medios progres del mundo se enteraron de que había un conflicto. Lo de siempre: antes de que haya fotos de niños palestinos heridos en la Franja de Gaza los misiles de Hamas no son noticia. Y por supuesto, a esa altura, el malo de la película es Israel.

En la misma liviandad cayó la Cancillería argentina, copada por una facción política radicalizada para la que el conflicto árabe-israelí es apenas otra excusa para exhibir su ideología antimercado, antidemocrática y antioccidental.

Semejante superficialidad es grave para cualquier país que sea tan hermano de Israel por herencia cultural y por tantos lazos familiares, igual que lo es de naciones queridas como El Líbano o Siria.

Pero es más grave aún para la Argentina, que sufrió en carne propia la violencia de Hezbollah, otro grupo criminal que, como Hamas, busca la desaparición de Israel, y que produjo en Argentina el mayor atentado terrorista de nuestra historia. La voladura de la Amia y los 84 argentinos que allí fueron asesinados no merecen tanta liviandad.

Redacción Análisis Litoral

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